Manejo de emociones


Además de los efectos físicos del cáncer, los supervivientes experimentan consecuencias psicológicas, emocionales y espirituales que pueden manifestarse muchos años después del tratamiento y tener un efecto directo en la relación que mantienen con las personas que las rodean y sus planes.

Después de los tratamientos, los supervivientes no solo necesitan realizar un proceso de recuperación, sino también empezar una etapa de reajuste. Quieren con todas sus fuerzas retomar la vida que tenían antes del diagnóstico, pero descubren que cuando el cáncer termina, comienza un nuevo viaje caracterizado por un cambio de valores prioridades y formas de pensar, así com lleno de muchas dificultades.

Los temas que más preocupan a los supervivientes son el temor a la recaída, los síntomas y las alteraciones físicas, regresar a las tareas cotidianas el alejamiento de la vida social y la transición de ser un paciente a ser un individuo sano.

Miedo a la recaída

Muchos supervivientes viven con temor a que el cáncer regrese en algún momento. El miedo a la recaída (recurrencia) es una de las principales preocupaciones de las personas diagnosticadas con cáncer y puede durar muchos años después de terminado el tratamiento.

Los estudios científicos han encontrado que más de la mitad de los supervivientes refieren tener miedo de moderado o severo a que el tumor regrese. Acontecimientos como el aniversario del diagnóstico y las visitas periódicas al oncólogo para revisión pueden producirles gran temor a vivir de nuevo la enfermedad, lo que les produce mucha tensión e inseguridad.

El miedo puede ser bueno si le anima a hablar de las alteraciones de su salud con el personal médico, pero también puede provocarle una preocupación innecesaria al sentir que su bienestar están en peligro. Por ello es importante recordar que conocer su cuerpo le ayudará a distinguir entre cambios esperados, con los que debe aprender a vivir, y síntomas graves, por los que debe acudir a consulta.

Duelo

El duelo es la respuesta emocional a la pérdida. En el cáncer, las pérdidas pueden ser la salud, el deseo sexual, la fertilidad, una parte del cuerpo y la independencia física, pero en ocasiones también ocurren pérdidas de otro tipo, como de la pareja, del trabajo o del dinero.

El proceso de enfermedad que sufre el paciente oncológico van más allá de los síntomas físicos que padece. Cómo interpreta su enfermedad, el tratamiento y la supervivencia, puede ocasionarle una serie de pérdidas que, de no enfrentarse adecuadamente y en el momento preciso, provocarán complicaciones en distintas áreas del desarrollo de la persona, las que a su vez tendrán un efecto en el proceso de la enfermedad.

Apoyo emocional y psicológico

La atención de los supervivientes no debe enfocarse sólo en las alteraciones físicas sino también en la elaboración del proceso de duelo que enfrenta, proporcionando un estilo de afrontamiento ante las pérdidas que se producen con la enfermedad el tratamiento y la supervivencia.

La comunicación entre médico y paciente es una de las estrategias más efectivas para proporcionar una interpretación adecuado de la enfermedad para anticiparse las posibles pérdidas y reducir su impacto, así como potenciar las distintas áreas de desarrollo de la persona.

Los grupos de apoyo y la asistencia psicológica también pueden ayudarle a enfrentar el proceso de adaptación emocional a las pérdidas.

Además, muchos supervivientes han descubierto que les es muy útil llevar un diario en el que escriban sus pensamientos y sentimiento de pérdida o aflicción. Esa es una forma muy privada de expresar los sentimientos.

Ansiedad

Tras la remisión del cáncer, los supervivientes pueden sentir miedo, repetidas preocupaciones o ansiedad. Esta última sensación es un estado de la mente en el que se siente gran inquietud, excitación intensa y mucha inseguridad.

Si la ansiedad se mantiene por mucho tiempo, puede provocar sobrecarga o agotamiento del cuerpo, lo que se presenta en forma de intranquilidad, preocupaciones, miedos e incluso algunas alteraciones físicas. También son comunes las sensaciones de falta de confianza y nerviosismo, así como los pensamientos sobre la manera en que la enfermedad afectará a la vida.

Causas de la ansiedad

Una causa frecuente de ansiedad en los supervivientes es el alejamiento de sus médicos y del hospital al terminar el tratamiento. Las visitas durante su atención les servían de apoyo, les daban seguridad y solucionaban sus dudas, les hacían sentir que alguien estaba pendiente de su salud. Mientras recibían tratamiento, sentían que estaban haciendo algo o que tenían un objetivo, pero al terminar este proceso puede que se sientan frágiles y que les falte un propósito en la vida.

Otra situación que puede alimentar sus miedos y preocupaciones es el recuerdo de las experiencias vividas, que le producen sensación de amenaza y molestar, además de mucho temor de volver a experimentarlas. Es bastante común que los supervivientes tengan miedo al dolor, a que la enfermedad regrese, a que su autonomía disminuya y, desde luego, a la muerte.

Esos temores y su intensidad son muy diversos e incluso pueden cambiar con el tiempo y las situaciones, dependen de factores personales, así como de aspectos relacionados con la experiencia que le dio la enfermedad.

Alternativas

La ansiedad es desesperante y agotadora pero existen medios para controlarla. La psicoterapia ha demostrado que es uno de los tratamientos más eficaces y sus efectos benéficos a corto tiempo. Platique con su médico para que lo refiera al psico-oncólogo.

También existen otras opciones más naturales con efectos a largo plazo que puede practicar para reducir el nerviosismo.

Por ejemplo, puede llevar a cabo ejercicios de respiración y relajación, adoptar una dieta balanceada en la que incluya vitamina B (avena, maíz, manzana, melón, naranja, espinaca, berro, cebolla) y ácidos grasos como el omega-3 (atún, sardinas), además de disminuir el consumo de café; también hacer ejercicio y dormir bien son buenas opciones, así como tomar té de tila, manzanilla y valeriana.

Tristeza y depresión

Cuando a una persona con cáncer le dan la buena noticia de que la enfermedad ha desaparecido después del tratamiento, desea estar bien lo antes posible; sin embargo, puede que se sienta sin fuerzas y sin ganas de disfrutar la vida. No es raro que cuando los tratamientos terminan, aparezcan sentimientos como la tristeza.

Efectos

La tristeza puede provocar síntomas psicológicos que afectan el bienestar del superviviente, como la apatía, falta de ánimo, dificultades para disfrutar de las cosas que más le gustaba o falta de confianza en sí mismo. Un aspecto importante que alimenta la tristeza son los pensamientos negativos acerca del proceso por el que ha pasado o los cambios que se han producido en su cuerpo; algunos estarán relacionados con el sentimiento de pérdida, de no ser la persona que era antes de diagnóstico, así como con la sensación de incapacidad, dependencia e inseguridad en el futuro.

De la tristeza a la depresión

Por otro lado, hay que distinguir la depresión de la tristeza, dos conceptos que se confunden con mucha frecuencia: la tristeza es una emoción normal que se caracteriza por el sentimiento de pena, abatimiento o malestar que suele aparecer cuando hay cambios o pérdidas. Si esta emoción se hace más intensa, se prolonga en el tiempo y es difícil de manejar, entonces puede tratarse de un trastorno depresivo.

La depresión es una alteración mental que se caracteriza por decaimiento, profunda tristeza, falta de interés por todo, baja autoestima y disminución de las funciones mentales como rapidez de pensamiento, lenguaje, memoria y aprendizaje. Se calcula que el 70% de los supervivientes de cáncer presenta depresión en algún momento. La depresión puede ser difícil de diagnosticar, ya que los síntomas como pérdida de peso, cansancio, insomnio e incapacidad para concentrarse son muy semejantes a los efectos secundarios del tratamiento oncológico. En un estudio de seguimiento a 10 años, se confirmó que los síntomas de la depresión se asocian a una supervivencia más corta, por lo que es fundamental que sea atendida.

Alternativas

Si experimenta sentimientos de tristeza o síntomas de depresión, consulte a un profesional de la psico-oncología que la ayudará a resolver más eficazmente su estado de ánimo, para lograr un mayor nivel de bienestar. Si se requiere, un médico psiquiatra podría tomar su caso para que le de medicamentos que le ayuden a controlar la depresión.

El tratamiento con fármacos para la depresión solo debe ser recetado por el médico, quien también decidirá cómo y cuándo debe dejar el tratamiento. Automedicarse puede producir efectos no deseados como antiedad, mayor tristeza, fatiga, dolor de cabeza o mareas. Es muy recomendable complementar estos tratamientos con la terapia psicológica.

Autoestima

Al superar un proceso oncológico, es común que conviva con ciertos cambios físicos que afecten la imagen que tiene de sí mismo. El término autoimagen se refiere a las percepciones y sensaciones sobre su propio cuerpo o persona; es lo que ve usted y lo que muestra los demás. De ahí que cualquier cambio tenga la capacidad de generarle malestar.

La autoimagen está muy relacionada con la autoestima, que es el grado de aceptación y valoración de uno mismo que afecta la forma de actuar. Los cambios que se producen como consecuencia de los tratamientos puede manifestar manifestarse a corto o largo plazo y, en algunos casos, son permanentes.

Cuando aumenta la sensación de cambio de imagen, disminuye la autoestima, empeora el estado de ánimo y crece el aislamiento social y las dificultades en las relaciones sociales. La autoestima va a estar determinada por la interpretación que usted haga de estos cambios. Hay varias reacciones posibles:

  • Dar demasiada importancia a la belleza de la zona afectada.
  • Sentir que tiene menor valor como persona.
  • Evaluar su capacidad o valía solamente por la apariencia física, sin tener en cuenta otros aspectos, como las propias capacidades o habilidades.

En función de cómo la percepción de estos cambios afecte su autoestima, puede tener distintas conductas:

  • Ocultar o disimular el área intervenida.
  • Evitar mirarse al espejo.
  • Cambiar el estilo de ropa.
  • Preguntar continuamente cómo se ve, para asegurarse de que no se nota el cambio.

Cuando estos sentimientos generan malestar o la autoimagen se vuelve una de sus principales preocupaciones, es recomendable que consulte a un profesional de psico-oncología.

Culpa

La culpabilidad es una emoción que tiene la finalidad de restaurar un supuesto daño. Puede aparecer después de que los tratamientos finalizaron, cuando se tiene la sensación de haber provocado dolor, malestar o preocupación a los seres queridos, o cuando se ha respondido bien a los tratamientos y, en cambio, otros compañeros no han superado la enfermedad.

El fallecimiento de un compañero de enfermedad puede provocar miedo y producir una gran tristeza en las personas que sobreviven al cáncer; esto es normal pues la identificación, empatía y cercanía que se siente hacia un compañero de enfermedad o de tratamientos genera una unión muy especial.

En caso de fallecimiento de alguien cercano, dese la oportunidad de vivir el dolor y la rabia frente a la pérdida, antes de que pueda aceptar lo sucedido. Después continúe con su vida y logre que el recuerdo de esa persona le enriquezca tanto como lo hizo su compañía.

Si luego de unos meses continúa sintiendo dificultades para afrontar su día a día, no dude en buscar la ayuda de un profesional en psico-oncología.

 



Creado: Miércoles, 03 octubre 2018

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