Secuelas físicas


Las secuelas temporales o crónicas más frecuentes en los supervivientes están relacionadas con el propio cáncer, las técnicas de diagnóstico y los tratamientos recibidos.

No todos los supervivientes presentan todas las secuelas, incluso es posible que usted no tenga ninguna. La probabilidad de que suceda dependerá del tipo de cáncer que haya tenido, del tratamiento recibido y de las dosis administradas, de su estado general de salud y de la localización del tumor.

Por esta razón, tendrá que aprender a convivir con alguna de las secuelas, por lo que conocerlas le ayudará a manejarlas para que mejore su calidad de vida y reduzca el riesgo de tener otros trastornos, como la osteoporosis.

No es fácil acostumbrarse a la idea de que tendrá que vivir con los efectos del tratamiento del cáncer, pero lo importante es saber que existen terapias que le ayudarán a que estos síntomas afecten su vida diaria lo menos posible.

Falta de energía y cansancio

Comparada con el cansancio que experimentan las personas sanas, la fatiga relacionada con el cáncer es más severa, causa preocupación y es menos probable que desaparezca con el descanso. En otras palabras, el cansancio en los supervivientes permanece durante largos periodos, afecta las actividades de la vida diaria, no desaparece después de dormir o descansar y no es proporcional al desgaste físico que se realiza durante el día.

En los supervivientes, tres estudios han encontrado que el cansancio persiste entre el 17 y 26 por ciento de los casos, durante meses o incluso años después del inicio del tratamiento. Las mujeres que tuvieron cáncer de mama y recibieron quimioterapia son particularmente susceptibles a sufrir este trastorno.

Causas

Las causas no son completamente claras. Lo que sucede es que es multifactorial, es decir, no interviene una sola causa ni hay un mecanismo neurofisiológico único, sino que el cansancio está relacionado con la alteración de varios sistemas de regulación del cuerpo y la asociación con otros factores que no tienen que ver con el tratamiento, como la depresión, los trastornos del sueño o procesos inflamatorios y alteraciones en los sistemas de energía.

Tratamiento

La presencia del cansancio debe ser valorada por su médico, por lo que es importante que si experimenta esta sensación se lo comunique a su doctor. El tratamiento de la fatiga debe ser individual y específico para cada persona; si se debiera a otros trastornos, como la anemia, su médico le recomendará medicamentos que le ayudarán a corregirla.

En ocasiones, es necesario recurrir a medicamentos, como los psicoestimulantes que pueden ayudar a disminuir el cansancio y potenciar la atención.

Las investigaciones han mostrado que si no hay ningún factor que justifique la falta energía, el ejercicio, especialmente el de resistencia de moderada intensidad, reduce la fatiga relacionada con el cáncer. Algunos ejercicios para combatir el cansancio pueden ser caminar trotar, nadar, bailar, andar en bicicleta durante 20 a 60 minutos tres a cinco veces por semana.

Otras actividades que ayudan a disminuir el cansancio son las siguientes:

  • Practicar juegos de mesa, escuchar música o leer.
  • Participar en terapias de apoyo grupal.
  • Practicar yoga, pilates o meditación, lo cual le ayudará a regular las alteraciones del sueño.
  • Mantener una dieta adecuada a sus necesidades.
  • Tomar abundantes líquidos.
  • Descansar y dormir suficientes horas.

Disfunción sexual

Aunque la disfunción sexual suele asociarse típicamente con los hombres, un gran porcentaje de mujeres supervivientes también la presentan. Las disfunciones sexuales suelen estar presentes durante los primeros años de supervivencia pero en algunos casos pueden prolongarse durante más tiempo. Los trastornos más frecuentes son la falta de deseo sexual y el dolor genital persistente antes, durante o después del coito.

Causas

La sexualidad puede verse afectada por varias causas, unas de carácter emocional y otras relacionadas directamente con la enfermedad o los tratamientos administrados.

La quimioterapia, radioterapia y los medicamentos hormonales son los principales tratamientos que favorecen la aparición de disfunciones sexuales, aunque también hay que tener en cuenta la cirugía empleada y el efecto de algunos de los fármacos usados para el control de los síntomas del paciente oncológico.

Tratamiento

La disfunción sexual, después de superar la enfermedad, afecta de forma importante la calidad de vida de los supervivientes; sin embargo, los trastornos sexuales constituyen una de las alteraciones menos tratadas en las consultas de oncología.

Una vez completada la terapia oncológica, durante sus revisiones, es importante que hable abiertamente con su médico si presenta alguna alteración sexual, para que busque la solución o lo refiera a otro especialista que trate el problema.

Los tratamientos que podría recibir están basados en la educación sexual, en aspectos psicológicos y en técnicas instrumentales. El psicólogo, y en ocasiones el oncólogo, puede abordar las dificultades físicas o psíquicas, dudas o temores que usted o su pareja tengan respecto a la reanudación de la actividad sexual.

Osteoporosis

La pérdida de masa (densidad) de los huesos es otra de las posibles consecuencias del tratamiento contra el cáncer. Tanto la disminución leve (osteopenia) como la severa (osteoporosis) son los efectos secundarios más frecuentes en los supervivientes de cáncer.

La osteoporosis está asociada con mayor riesgo de tener fracturas, las cuales producen discapacidad y un deterioro en la calidad de vida, especialmente en los supervivientes de mayor edad. Un estudio de más de cinco mil supervivientes de cáncer de mama encontró un riesgo 15 por ciento mayor de tener una fractura que en las mujeres sin cáncer.

Factores de riesgo

Los factores por los que los supervivientes tienen mayor riesgo de desarrollar alteraciones en los huesos son varios. En las mujeres, lo más importante es el nivel de las hormonas producidas por los ovarios (estrógenos), ya que protegen a los huesos. Tener bajos niveles de estas hormonas favorece que se pierda la densidad ósea.

Muchas supervivientes tienen afectaciones en sus ovarios tras recibir quimioterapia o cirugía, lo cual reduce los niveles de estrógenos.

El tratamiento hormonal (hormonoterapia) que reciben muchas de las mujeres con cáncer de mama bloquea la producción de estrógenos, por lo que el tratamiento con los llamados inhibidores de aromatasa (una enzima que interviene en la producción de estrógeno), como exmestano, letrozol y anastrozol, también favorecen la osteopenia y osteoporosis.

Otros factores identificados son la quimioterapia que tiene un efecto negativo directo en los huesos y el mismo cáncer de mama que por sí mismo estimula la producción de células que absorben y remodelar el hueso (osteoclastos).

Como ocurre con otros efectos secundarios de las terapias oncológicas, el daño sobre los huesos dependerá del tipo de fármaco y de la dosis empleada. Asimismo, es importante que tenga en cuenta que hay otros factores como la edad, la menopausia o los antecedentes familiares, ya que también tienen un efecto sobre la densidad de los huesos.

Dolor

El dolor relacionado con el cáncer reduce la calidad de vida, se asocia con la depresión y es muy estresante tanto para el cuerpo como para la mente, por lo que requiere de atención continua y cuidadosa.

Un análisis reciente de varios estudios sobre el dolor en pacientes con cáncer ha concluido que esta condición se presenta en el 33 por ciento de los supervivientes.

Causas

El dolor puede ser causado por la enfermedad o por los tratamientos. Tanto las radiaciones como la cirugía pueden producir daño a los nervios, lo que trae como resultado la aparición de dolor crónico.

En cuanto a la quimioterapia, especialmente los fármacos como la vincristina, los basados en platinos y los taxanos pueden afectar las células de los nervios y producir debilidad, entumecimiento y dolor de las manos y pies (neuropatía). La gravedad del daño depende de las dosis de la quimioterapia utilizadas y puede tardar meses y hasta años en resolverse.

Tratamiento

El dolor no siempre es reportado por los pacientes, por lo que no es evaluado ni tratado por el médico oncólogo; sin embargo, los estudios han demostrado que el dolor se controla en el 95 por ciento de los casos con terapias con o sin fármacos.

El control farmacológico del dolor por cáncer no suele causar adicción.

Recomendaciones para describir el dolor a su médico

  • Use números. Para explicar el dolor que siente, utilice una escala de 0 a 10, en la que 0 significa nada de dolor y 10 el peor dolor.
  • Las palabras agudo, sordo, punzante y constante pueden ayudarle a describir mejor cómo experimenta el dolor.
  • Señale el lugar exacto donde le duele, ya sea en su cuerpo o en un dibujo.
  • Identifique cuándo comienza el dolor, cuánto dura, si disminuye o aumenta a ciertas horas y si usted hace algo que lo mejora o empeora, para que pueda proporcionarle estos datos a su médico.
  • Describa cómo el dolor afecta su vida diaria: le impide trabajar, hacer tareas domésticas, ver a sus amigos y familia o salir a lugares públicos.
  • Hable de cualquier efecto secundario que tenga debido al medicamento para controlar el dolor. Es posible aliviar muchos de estos problemas.

Alteraciones cardiovasculares

Aparte de la cirugía y la radioterapia, los fármacos han tenido un papel muy importante en aumentar la supervivencia de los pacientes con cáncer. Sin embargo, estos tratamientos no están libres de efectos secundarios, ya que pueden producir alteraciones en múltiples órganos y tejidos. Esto es reversible en aquellos que estén compuestos por células que se regeneran. En cambio, el daño es permanente en los que están formados con células con poca capacidad para regenerarse, como las del corazón.

En los supervivientes, la toxicidad puede presentarse a largo plazo en los pulmones y el corazón.

Toxicidad cardíaca

El tratamiento contra el cáncer puede producir una amplia gama de trastornos en el corazón. Dependiendo del tiempo y de la dosis administrada, la quimioterapia (con antraciclinas, ciclofosfamida, cisplatino, fluoricidas y taxanos) puede producir las siguientes enfermedades:

  • Cardiomiopatía, que es un grupo de enfermedades que aumentan el tamaño del corazón o lo hacen más grueso y rígido que lo normal.
  • Isquemia, que consiste en la disminución temporal o permanente del flujo sanguíneo.
  • Disritmias, que son alteraciones del ritmo o frecuencia normal de los latidos.

Las cardiomiopatías pueden ocurrir años después de haber completado el tratamiento.

En el caso de la radioterapia, la toxicidad puede presentarse años e incluso décadas después de terminar el tratamiento. Las radiaciones en el tórax, como las que se reciben para el cáncer de mama, pueden dañar las distintas partes del corazón: pericardio, miocardio, válvulas cardíacas, arterias coronarias o el sistema donde se produce y transmite el estímulo eléctrico que permite la contracción del corazón.

También la radioterapia favorece el depósito de grasa, colesterol y calcio dentro de las arterias del corazón, así como trastornos del ritmo cardíaco y alteraciones en las válvulas.

El trastuzumab, un medicamento para tratar el cáncer de mama, puede producir cardiotoxicidad que generalmente no presenta síntomas, aunque en pocos casos puede producir signos de insuficiencia cardíaca. La posibilidad de desarrollar este efecto secundario se incrementa de forma notable con la edad, principalmente en los mayores de 60 años.

El hecho de que esta toxicidad sea reversible en la mayoría de los casos, incluso tras la reanudación del fármaco y que no dependa de la dosis acumulada, hace pensar que será un problema poco frecuente en los supervivientes, aunque hacen falta más estudios.

Toxicidad pulmonar

Este es un problema especialmente importante en los supervivientes que ya tenían algún daño en el pulmón por el consumo de tabaco. La forma más común producida por quimioterapia es la inflamación pulmonar, conocida como neumonitis.

La neumonitis puede evolucionar a una fibrosis pulmonar después de meses o incluso años. La aparición de toxicidad pulmonar depende de la técnica de irradiación, de la dosis total o de la administración de la quimioterapia.

Los síntomas más frecuentes son tos irritativa y dificultad para respirar. Si presentara alguna de estas alteraciones, recibirá tratamiento con oxígeno y corticoides (un tipo de hormona).

Trastornos de la memoria y la concentración

Las alteraciones cognitivas producidas por el tratamiento oncológico se conocen como quimiocerebro y generalmente se presentan como problemas con la atención, concentración, memoria, comprensión y rapidez del pensamiento.

Aproximadamente el 20 por ciento de las personas que se someten a quimioterapia experimenta algún problema cognitivo como efecto secundario y entre el 50 y el 70 por ciento de las personas que han superado un cáncer dice tener este tipo de complicaciones. Sin embargo, según los expertos, casi un tercio de los pacientes con cáncer puede presentar estas alteraciones cognitivas antes de recibir el tratamiento de quimioterapia, radioterapia u hormonoterapia; por ello, no en todos los casos se debe a los tratamientos oncológicos.

El riesgo de sufrir deficiencias mentales debido a la quimioterapia aumenta con la edad, predisposición genética y la inteligencia previa. Otras alteraciones como la fatiga, depresión, ansiedad, anemia, trastornos del sueño y deficiencias hormonales también pueden contribuir a afectar el procesamiento mental.

Los problemas cognitivos más frecuentes son los siguientes:

  • Olvido de las cosas.
  • Recordar nombres, fechas o lugares.
  • Encontrar las palabras exactas y terminar una frase cuando habla.
  • Concentrarse y mantener la atención.
  • Realizar varias tareas a la vez como preparar la comida mientras habla por teléfono.
  • Esforzarse mucho en hacer tareas que antes no parecían tan difíciles.
  • Sentirse torpe.

Las dificultades de memoria, atención, concentración, comprensión y rapidez de pensamiento que con cierta frecuencia presentan las supervivientes de cáncer pueden influir en su trabajo, diversiones, relaciones sociales o su estado emocional; por tanto, pueden tener un efecto importante en su calidad de vida y bienestar.

No obstante, en la mayoría de los casos, el deterioro cognitivo es temporal y disminuye con el tiempo, a pesar de que en algunas personas puede continuar a mediano y largo plazo. Recuerde que es un efecto secundario, que no hay motivo para avergonzarse y que es normal que su rendimiento no sea el mismo al que tenía antes del diagnóstico y del tratamiento.

Su médico podrá recomendarle estrategias para mejorar los síntomas o referir su caso a otros especialistas para que le den ayuda. También le ayudará conversar con su familia y amigos sobre lo que le ocurre.

Segundos tumores

Un segundo tumor hace referencia al diagnóstico de un tipo de cáncer diferente y biológicamente independiente del que ya ha tenido. La posibilidad de desarrollar un nuevo tumor es mayor en las personas que han tenido cáncer, por lo que actualmente se están desarrollando varios estudios para determinar cómo influye la genética de cada paciente, diferentes factores ambientales (dieta, consumo de alcohol y tabaco) e incluso los propios tratamientos recibidos en el primer diagnóstico.

Factores de riesgo

Tener un segundo tumor es una de las principales preocupaciones del superviviente, pero debe tener en cuenta que el riesgo no es igual para todos, ya que influyen diversas circunstancias como el tipo de cáncer que se ha tenido, los tratamientos recibidos, la edad y la predisposición genética y los hábitos de vida, entre otros.

Los tratamientos oncológicos empleados pueden derivar en consecuencias a largo plazo. La quimioterapia interfiere con la capacidad de las células para reproducirse y como consecuencia pueden aparecer mutaciones genéticas que incrementan el riesgo de desarrollar segundos tumores.

También la conducta influye, ya que algunos pacientes una vez que superan su primera enfermedad, retoman el consumo de alcohol o el tabaco, una conducta que quintuplica el riesgo de un segundo tumor. Asimismo, el consumo elevado de carne roja y carbohidratos se ha relacionado directamente con la aparición de segundos tumores.

Prácticas de prevención

Para tener un rol activo en la prevención y diagnóstico precoz de un segundo tumor, es recomendable no faltar a las revisiones médicas, mantener un estilo de vida saludable y prestar atención a los síntomas. La clave para minimizar el riesgo de un nuevo cáncer está en promover un cambio de hábitos concentrándose en una buena alimentación y ejercicio físico.

Varios estudios han demostrado que un simple aumento de la actividad física (150 minutos) es suficiente para reducir el riesgo de segundos tumores y aumentar la esperanza de vida.

Cambios en la imagen corporal

Además del miedo constante a la recaída, los supervivientes de cáncer frecuentemente tienen que luchar con defectos físicos producidos por la enfermedad o los tratamientos. La cirugía determina alteraciones funcionales, pero también cambios en la apariencia física.

Reconstrucción de seno

Una de las situaciones que causan más estrés a los supervivientes es la imagen corporal. El cambio en la apariencia es más que una alteración física, es un elemento esencial de la persona y afecta la autoestima, la sexualidad y la calidad de vida.

Las pacientes con cáncer de mama pueden considerar rehacer la forma de su seno o someterse a una reconstrucción del mismo. El tipo de reconstrucción y el momento para realizarla dependerán de su estado de salud y sus preferencias personales. Existen varios tipos de cirugías reconstructivas; en algunas se usa el implante de agua salina o silicón, mientras que en otras se utilizan tejidos y otras partes del cuerpo. A veces se extrae tejido del otro seno para que los dos se vean iguales.

Seno postizo

Utilizar un seno postizo dentro del sostén para simular la apariencia y la sensación de uno natural es la mejor opción para las mujeres que no sean candidatas o que no desean someterse a más procedimientos quirúrgicos, ya que la reconstrucción del seno a veces puede requerir de varias operaciones para completarse. La mayoría de los senos postizos es fabricada con materiales que se asemejan mucho al tejido natural en cuanto al movimiento, sensación y peso.

Cómo elegir y usar un seno postizo

Si usted utiliza un seno postizo, tómese el tiempo para comprar uno que le guste, sea cómodo y tenga una apariencia natural en el sostén y bajo la ropa. Su vestimenta le debe quedar igual que antes de la cirugía, el peso del seno postizo debe ser apropiado para proporcionar el equilibrio que el cuerpo necesita para corregir la postura y sujetar su sostén.

De preferencia utilice un sostén especial de mastectomía con compartimiento integrado (bolsillo). Si el seno postizo le causa algún tipo de irritación en la piel, use un sostén con bolsillo. Antes de usar un sostén con varillas de apoyo, coméntelo con su médico.

 



Creado: 2019-02-05 09:22:34
Última vez actualizado: 2019-03-15 10:46:06